Cada 21 de marzo, nos invita a detenernos y reflexionar sobre el Síndrome de Down. Sin embargo, para quienes dedicamos nuestra vida a la neurología infantil, esta fecha no es un evento aislado, sino la posibilidad de reafirmar nuestro asombro ante el neurodesarrollo y la convicción de que cada niño, niña y adolescente (NNA) tiene un ritmo único y un potencial que merece ser descubierto.
Desde el momento en que evaluamos a un recién nacido, la neurología no entra para buscar limitaciones, sino para trazar puentes. Nuestra labor en la atención temprana es fundamental, siendo nosotros parte de un engranaje mucho más humano y amplio, donde el acompañar el crecimiento de nuestros pacientes es un acto de confianza mutua.
En este camino, la ciencia nos ha enseñado que el aislamiento no es una opción. El éxito de un tratamiento no reside en una receta, sino en el abrazo interdisciplinario. Es emocionante ver cómo se gesta este proceso de compañía cuando trabajamos codo a codo con la fonoaudióloga que busca esa primera palabra, la kinesióloga logrando los primeros pasos, la terapeuta ocupacional abriendo caminos hacia la autonomía, la trabajadora social conteniendo al grupo familiar, y así todos los integrantes de este equipo.
Está científicamente comprobado que una estimulación adecuada desde los primeros meses de vida es el motor que permite avanzar. Pero más allá de los hitos motores o cognitivos, lo que realmente transforma la calidad de vida de nuestros NNA es el entorno que cree en ellos. Las personas con Síndrome de Down poseen una riqueza de cualidades que, como sociedad, a veces nos cuesta ver por el ruido de nuestros propios prejuicios.
Humanizar la medicina es entender que detrás de cada examen hay una historia, un hijo, un hermano, una persona con sueños propios. Mi invitación hoy, más que a “concientizar”, es a valorar. A entender que nuestra labor como profesionales es brindar las herramientas para que ellos logren cumplir la tarea más importante de cualquier ser humano: ser plenamente quienes son y felices.
“La medicina cura, pero el acompañamiento humano es lo que realmente permite que una persona se despliegue en toda su plenitud.”
Hoy celebramos la valentía de nuestros pacientes y la resiliencia de sus familias. Como su equipo médico, renovamos nuestra promesa de seguir trabajando por nuestros pacientes, y donde cada NNA con Síndrome de Down sea valorado por quien es, y no por una condición genética.
Dr. Gonzalo Muñoz Melgarejo
Neurólogo Infantil
Jefe Equipo Neurología Infantil
Hospital Base San José de Osorno
